Cuaderno de dibujos al margen

Blog con dibujos al paso a lápiz, tinta, birome, humo, aguada y otras técnicas igual de elementales. Algunos cuentos populares ilustrados de dudoso origen, campañas de bien público tan incomprensibles como imperativas, anotaciones y novedades al margen, una caprichosa y ecléctica colección de bestias fantásticas de tablero, ilustraciones encargadas por incautos editores y hasta alguna que otra animación sin ton ni son.

Veinte años en el mismo lugar

Tapa del libro En un lugar de la mancha

Este sitio está cumpliendo sus primeros veinte años de existencia. Sin contradecir a don Carlos (¡jamás me atrevería a semejante cosa!), veinte años, en tiempos de Internet al menos, es casi una eternidad.

La permanencia de este sitio a lo largo de tanto tiempo se explica mucho menos por su “éxito” que por mi inveterada pertinacia. La misma con la que desde mi adolescencia (febril la mirada), he hecho todo lo que estuvo a mi alcance para poder fabricar mis propias publicaciones impresas.

Festejando el vigésimo aniversario de este sitio (no es una mala excusa), acabo de publicar el segundo y quijotesco volumen de mi autoría fabricado en mi taller, el cual lleva por título En un lugar de la mancha y recopila buena parte de los dibujos que he subido a este blog en estos años.

No sé si corresponde que lo diga yo pero este libro es, me parece, de lo mejorcito que he hecho hasta el momento (por no decir casi todo). Sin más preámbulos entonces, en este sencillo pero íntimo acto los invito a conocerlo:

El muñeco

El muñeco, dibujo de un cantor de tangos

Cantor de registro exquisito nacido en las barriadas pobres de la capital. Se dice que aprendió de un viejo vendedor de bosta primero a sonreír —esa sonrisa que ilumina todas y cada una de las representaciones de su rostro— y luego a silbar. Pero la cronología es imprecisa; siempre se sitúa su vida y su obra en un pasado cercano. El Muñeco es y fue siempre un artista de ayer.

Eso explicaría el espíritu eminentemente nostálgico de esa dulce —casi sobrenatural— voz proveniente de un tiempo en el que, todos prefieren creer, una voz así sí era posible.

Su música es, si tenemos suerte, una de las poquísimas cosas que podría hacer vislumbrar al turista atento de qué se trata realmente este lugar.


Este es otro viejo dibujo encontrado entre manchas de tinta, que estará incluido en el capítulo titulado “Romances de barro” de mi próximo libro de inminente aparición.

La calandria

Dibujo a tinta de una calandría, relato ilustrado

Al principio apenas si se le atrevía al chamamé y a algún valsecito criollo pero rápidamente incorporó, como era de esperar, la cumbia santafesina y, por desgracia, algo de la monotonía del reggaetón​. En algún momento descubrió que el alero de chapa daba excelentes resultados como caja de resonancia.

La semana pasada empezó a ampliar sorpresivamente su registro. Entre otros exotismos, le hemos podido escuchar los inconfundibles primeros movimientos de la 5ta de Beethoven y, ya al límite de sus posibilidades técnicas, varias fantasías de Bach. Es obvio que el nuevo repertorio se lo está robando a un canario que, según nos enteramos, adquirió recientemente un vecino.

No lo hace por galantería ni buscando nuevos rumbos para su carrera, si así fuera no le imprimiría a todo lo que interpreta ese tonito burlón que le es tan característico. Lo único que la desvela, estoy convencido, es provocarnos; hacernos imposible conciliar el sueño de la mañana.

Aunque no nos gusta la violencia, creo que deberíamos hacer algo antes de que descubra a Wagner.

Liebre de mentas

Dibujo a tinta y acuarela de una especie de liebre

Famosa es la liebre copiada hasta el más mínimo detalle del natural por Alberto Durero y más famoso aún su grabado de un rinoceronte que realizó basándose en la descripción que hiciera de ese animal un viajero.

No cuenta con el mismo reconocimiento, y con justa razón, la obra casi anónima aquí reproducida. La modesta curiosidad de esta pieza radica en que su autor, aun teniendo una idea bastante cabal de cómo son las liebres, prefirió basarse para su realización en rumores de pueblo, confusiones zoológicas, azares de la tinta y la acuarela y, hasta el más mínimo detalle, en su propia impericia.

Otra historia sin fin

Ilustración a pluma, tinta y mancha

En un turbio boliche por los pagos del sur, de cuyo nombre no quiero acordarme, algunos dudosos parroquianos aseguran haber presenciado la aparición de dos borrosos hombres de otros tiempos. El uno pendenciero y de a caballo, el otro moreno y de a pie. Se podría adivinar la inminencia de la sangre pero, según cuentan, antes de que algo definitivo suceda, la escena se desdibuja en la oscura mancha de la ebria noche.

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