Memorias y balanceos

Memoria y balanceo. Libro ilustrado

En esta pampa húmeda que habito la ausencia de elefantes es inocultable. Por ese exotismo casi fantástico se dejan dibujar y evocar desde aquí con la misma sabia mansedumbre con la que aparentan vivir allá a lo lejos; si es que existen.

Durante algunos meses, cada semana, he publicado aquí una nueva página de las aparecidas en el pequeño desierto de mi tablero. Ahora estoy preparando el libro en papel.

De su proverbial memoria

De la proverbial memoria de los elefantes. Dibujo de un elefantes de frente.

Recuerda como si fuera hoy aquel día hace veintitrés años en el que caminaban por un desfiladero. Recuerda haber sentido claramente el mínimo crujir de siete u ocho hormigas bajo una de sus patas. Recuerda haber imaginado la hilera de puntitos negros interrumpida por su pisada. Recuerda que de su cola iba agarrada Mirna y que él se aferraba a la de Horacio que iba adelante.

Mientras recuerda estas cosas caminan, como hace veintitrés años, por un desfiladero. Horacio ya no está y Mirna ha cambiado tanto que prefiere ir suelta.

De las consecuencias del cautiverio

Dibujo de un elefante en cautiverio en la serie de textos ilustrados Memorias y balanceos de Lisandro Demarchi

Yo trato de justificarlo porque nos criamos juntos pero debo reconocer que desde que volvió está insoportable. Él dice que se escapó porque, a pesar de todo, nos extrañaba. Pero las malas lenguas aseguran que no se escapó nada, que en realidad lo soltaron porque ya les resultaba un estorbo. Siempre anda diciendo que con los humanos esto, que con los humanos lo otro. Siempre dice que si conociéramos el sabor del maní no andaríamos comiendo las porquerías que comemos. Claro que a él hay que darle esas “porquerías” en la boca y andar empujándolo para que no se quede rezagado. ¡Si desde que volvió ya no sabe ni limpiarse el culo solo!

De lo feo, del otro

Dibujo de un mamút en la serie de cuentos ilustrados Memorias y balanceos

Nuestros abuelos nos cuentan un montón de cosas acerca de “El feo”. Que sus colmillos son descomunales, que tiene unas orejas ridículamente pequeñas, que de noche se lleva a los chicos que se portan mal… Pero lo cierto es que ellos tampoco lo han visto con sus propios ojos. A ellos también les contaron estas cosas sus abuelos y a sus abuelos, los suyos.

Suele hacerse presente en nuestras pesadillas o como amenaza en nuestras prácticas pedagógicas pero también, para algunos, es un símbolo de lo que ya no está, de las posibilidades truncadas, de todo lo que desconocemos. Una pequeña muestra de nuestra enorme ignorancia.

De las fobias

De las fobias en los elefantes en la serie de relatos ilustrados por Lisandro Demarchi

Él sabe que es estúpido asustarse por algo tan insignificante pero Marcelo le dice que por ahí es su manera de tapar alguna otra cosa, algo que le pasó de cachorro quizás. La otra vuelta le dijo que su problema es muy común hoy en día. Le dijo cómo se llama incluso. Pero la verdad es que saber cómo le llama Marcelo a él no le resuelve nada.

De la cobardía

Dibujo de un elefante cobarde en la serie de cuentos ilustrados Memorias y balanceos

El que siempre pone peros es el Cabezón. Se cree que se las sabe todas. Dice que tenemos que pensar bien antes de hacer las cosas. Que no podemos andar así, a tontas y a locas, como dice que andamos. Reconocemos que en más de una ocasión los hechos han terminado dándole la razón pero él también sabe que si hiciéramos caso a todas sus advertencias terminaríamos por no hacer nada.

De los sueños de juventud

Dibujo a lápiz de Lisandro Demarchi De los sueños de juventud en los elefantes

Muchas veces ha escuchado a sus mayores hablar del destino de gloria que los espera al final del camino. Ha visto cómo se les iluminan los ojos al mencionar el Gran Cementerio y sus fulgores de calcio.

Sin embargo, desde aquella primera vez en la que, desoyendo las advertencias, se acercó peligrosamente al poblado y escuchó la dulce y triste melodía que escapaba de la escuelita, sueña con otro final para él. Uno en tono menor.

De la vanidad

De la vanidad

Marito ya no sabe qué hacer para llamar la atención. Se limó los colmillos, hace ejercicios todos los días, mantiene una dieta exclusivamente a base de raíces y dice que está hecho un pibe. Pero cuando camina, con ese ridículo pasito que adoptó ahora, cada vez le cuesta más disimular el temblequeo de sus rodillas y la antigua desesperación en su mirada.

De su capacidad de abstracción

De la capacidad de abstracción en los elefantes. Dibujo en la serie de textos ilustrados Memorias y balanceos del artista Lisandro Demarchi

Ve un árbol y dice “todos los árboles”.

Ve un pájaro y dice “lo que vuela”.

Ve a otro elefante y dice “nosotros, los elefantes”.

Ve su propio reflejo en el agua y mantiene un respetuoso silencio.

De su especial teoría de la relatividad

De la teoría de la relatividad en los elefantes. Dibujo de elefante a tinta con cara de Einstein.

Aunque no suela comentar estas cosas con sus compañeros, al observar a las hormigas en su minúsculo e incesante ajetreo, a los pájaros que pasan en su liviana y fugaz existencia y a su entrañable manada a la distancia, no duda ni un momento que el tiempo, el tamaño, la forma y la memoria son todos nombres de la misma cosa.

De su falsa modestia

De la falsa modestia en los elefantes. Ilustración a lápiz de Dante el elefante pedante.

Dante cree que su mayor defecto es que puede sonar un poco arrogante cuando habla. En su defensa debemos decir que hace esfuerzos evidentes por disimularlo y sospechamos que, aunque se jacte de sus dotes para la oratoria, le encantaría, de vez en cuando al menos, poder mantener su enorme y hermosa trompa bien cerrada.

De la cultura del trabajo

Dibujo de un elefante viejo a tinta y aguada. De la cultura del trabajo en los elefantes.

Aldo añora lo que él llama “la época dorada”. Época que él ubica en su juventud. Insiste en que no podés ni comparar. Que antes todo costaba mucho más, que no te encontrabas con un oasis a cada rato como dice que te encontrás ahora. Y como todo costaba más, lógicamente, también se valoraba mucho más. Por eso teníamos, dice, toda una cultura del trabajo y del sacrificio. ¡Y ni hablar del respeto que se tenía por los mayores! A él jamás se le habría ocurrido levantarle la trompa a sus superiores como hacen los mocosos de ahora con él.

De las causas de su melancolía

Ilustración a tinta y aguada: De las causas de la melancolía en los elefantes.

Cuando le preguntamos a Lito por qué anda siempre tan de trompa caída, nos responde que no sabe, que no nos preocupemos, que ya se le va a pasar, que no lo entenderíamos.

Quizás cree que está por encima de nosotros… o muy por debajo.

¿Quiere que le avise cuando tenga el libro terminado?