Romances de barro

Serie de textos y dibujos unidos por el inconfundible (e inevitable) influjo del húmedo arrabal que los vio y me vio nacer.

Todos estos dibujos y muchos más están incluidos en mi libro En un lugar de la mancha

El muñeco

El muñeco, dibujo de un cantor de tangos

Cantor de registro exquisito nacido en las barriadas pobres de la capital. Se dice que aprendió de un viejo vendedor de bosta primero a sonreír —esa sonrisa que ilumina todas y cada una de las representaciones de su rostro— y luego a silbar. Pero la cronología es imprecisa; siempre se sitúa su vida y su obra en un pasado cercano. El Muñeco es y fue siempre un artista de ayer.

Eso explicaría el espíritu eminentemente nostálgico de esa dulce —casi sobrenatural— voz proveniente de un tiempo en el que, todos prefieren creer, una voz así sí era posible.

Su música es, si tenemos suerte, una de las poquísimas cosas que podría hacer vislumbrar al turista atento de qué se trata realmente este lugar.


Este es otro viejo dibujo encontrado entre manchas de tinta, que estará incluido en el capítulo titulado “Romances de barro” de mi próximo libro de inminente aparición.

La calandria

Dibujo a tinta de una calandría, relato ilustrado

Al principio apenas si se le atrevía al chamamé y a algún valsecito criollo pero rápidamente incorporó, como era de esperar, la cumbia santafesina y, por desgracia, algo de la monotonía del reggaetón​. En algún momento descubrió que el alero de chapa daba excelentes resultados como caja de resonancia.

La semana pasada empezó a ampliar sorpresivamente su registro. Entre otros exotismos, le hemos podido escuchar los inconfundibles primeros movimientos de la 5ta de Beethoven y, ya al límite de sus posibilidades técnicas, varias fantasías de Bach. Es obvio que el nuevo repertorio se lo está robando a un canario que, según nos enteramos, adquirió recientemente un vecino.

No lo hace por galantería ni buscando nuevos rumbos para su carrera, si así fuera no le imprimiría a todo lo que interpreta ese tonito burlón que le es tan característico. Lo único que la desvela, estoy convencido, es provocarnos; hacernos imposible conciliar el sueño de la mañana.

Aunque no nos gusta la violencia, creo que deberíamos hacer algo antes de que descubra a Wagner.

Otra historia sin fin

Ilustración a pluma, tinta y mancha

En un turbio boliche por los pagos del sur, de cuyo nombre no quiero acordarme, algunos dudosos parroquianos aseguran haber presenciado la aparición de dos borrosos hombres de otros tiempos. El uno pendenciero y de a caballo, el otro moreno y de a pie. Se podría adivinar la inminencia de la sangre pero, según cuentan, antes de que algo definitivo suceda, la escena se desdibuja en la oscura mancha de la ebria noche.

Romances de barro